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Batea12/01/2014

Los 15 mejores discos de 2013

Enero es buen momento para hacer balances, pero también para renovar la batea personal con nueva (y buena) música. Recordamos los últimos doce meses, nos fijamos lo que salió al mercado y hacemos nuestra selección indispensable de lo mejor de un año que trajo muchas novedades.

El disco tiene los días contados. Ya ha dejado de ser masivo, ya es un nicho con sus variantes vintage -vinilo, ¡cassette!- y otras que intentan abarcar algo más que la mera audición, con el famoso combo 2x1 de CD+DVD. Estamos presenciando la sobrevida del disco, que ocurre a través de dos vías: por un lado, los músicos cada día entienden menos el disco como un trabajo conceptual, sino como una sumatoria de canciones. Y, por el otro, quienes escuchan música prefieren una serie de tracks, de ser posible, de distintos artistas, para llevar en su teléfono o escuchar de sitios on line. La prehistórica cajita plástica del Cd parece de otro siglo. Y lo es.

Así y todo, todavía el disco convive con nosotros. Y seguramente habitará este mundo por unos cuantos años más. Por eso, la idea de un listado de los 15 mejores discos de 2013 no parece disparatada aunque seguro sea caprichosa. Un capricho al que nos entregamos con mucho placer.

Reflektor/ Arcade Fire
Para ponerlo en el mapa: es el mejor disco de la banda hasta ahora. Cuando alguien sugiere pretencioso, la sensación es negativa. En este caso no lo es: Reflektor es pretencioso y el resultado es abrumador, muy cerca de lo genial. Un disco doble, 75 minutos para solo 13 canciones, una mezcla que conduce a referencias de los años 80, en el mejor sentido de la década, pero que las establece desde el futuro: con la tecnología y también con la angustia del futuro. Hay un dance moderno que, en cada ocasión, sufre la intervención artística del post punk que lleva en la mochila su productor, James Murphy. Hay ritmos caribeños -los AF saben muy bien de qué se trata eso- montados sobre funk industrial. Seguramente, se trata del disco del año. Una relectura de Achtung Baby, Kid A y -como señala David Fricke- de Exile on Main Street. Los canadienses han hecho posible algo que no estaba en los planes de nadie: volverse indispensables.

The Electric Lady/ Janelle Monàe
Ahora que Stevie Wonder se pasea por la Argentina, la que debería venir al país es esta chica. Porque si el soul tiene un futuro, JM está incluida ahí. Desde el título del disco y hasta el tema final la dama juega a coquetear con el enorme Hendrix. El nombre del disco obliga a pensar en Electric Ladyland y el último tema se llama What An Experience. Pero no solo están presentes el gran guitarrista y el genial SW. Acá Prince, Erykah Badu y Esperanza Spalding la juegan de invitados en distintas canciones. Un entramado de funk, soul y hip hop que remite a lo mejor de la época dorada del R&B y Motown, sin necesidad de quedarse en el pasado.

Magma elemental/ Onda Vaga
Puede que en este disco, la banda de Nacho Rodríguez haya encontrado el puente que une ese costado hippie que siempre detentaron con el siglo XXI. Puede que ya no sea cuestión de mencionarlos como la banda a punto de explotar sino como una banda que sabe exactamente lo que está haciendo.En este magma no solo hay esa cosa fogón que a veces aburre, sino que también saltan al vacío sin paracaídas: desde guitarras con reverb hasta ukeleles tahitianos dicen presente para dar forma a un concepto de música que ya excede la tribu hippie que los vio nacer.

New/ Paul McCartney
El tipo es, básicamente, la esencia de los británico dentro de la cultura pop. Como Doctor Who, como Picadilly, como una hipotética Torre de Londres intervenida por una banda de grafiteros entusiasmados con la metanfetamina. El tipo es un clásico. Sin embargo, no duerme sobre su clasisismo. Tiene más de setenta años y parece dispuesto a pelearle al tiempo como si tuviera 15. ¿Para qué otro disco de McCartney? La respuesta es este New. Dejemos de lado su más que obvio ego, su necesidad de seguir siendo noticia. El tipo sabe hacer -como casi nadie- grandes canciones. Y las hace desde el presente, mezclando muchos productores -ocho, para decir el número- y edades y letras que hablan de hoy, de ayer y de mañana. El disco es impecable. Y, por sobre todo, bellísimo.

Random Access Memories/ Daft Punk
Es el disco impecable del año, junto a Reflektor. Y, posiblemente, uno de los mejores de los últimos años en lo que se refiere a la música electrónica. ¿Exagerado? Mejor, escucharlo antes. Es que en este trabajo el dúo de franceses freakis se recibieron de artesanos de la canción. Un disco más cercano al funk que a la música electrónica bailable. Un disco humano hecho por dos robots. Más analógico que sus trabajos anteriores, con un tempo más tranquilo, logra momentos de una enorme profundidad. La mezcla de las guitarras funky con una percusión humanizada conjugan a la perfección con los sonidos robóticos del vocoder y con las voces de, entre otros, Pharrell Williams, Panda Bear y Julian Casablanca. Un disco que le señala un alerta a la música electrónica. Que vuelve a las raíces y puede estar señalando el futuro.

Holy Fire/ Foals
Forma parte de la premisa de la cultura pop: los ingleses son los únicos que en la música saben reinventarse. Y en estos tiempos en los que la música se muerde la cola una y otra vez sin dar demasiado nuevo, aparece una bandita de Oxford y listo, hay otra pantalla en el juego. De todos modoseste tercer disco de Foals no es una casualidad. Sus muy buenos dos primeros trabajos (Antidotes y Total Life Forever) ya les daban buenas credenciales. Holy Fire es la declaración de principios de un grupo que sabe perfectamente lo que quiere. Acá no hubo estrategia de marketing, acá hubo músicos, grandes canciones, muy buenas letras y productores que encontraron la manera de no volverse científicos de laboratorio. Por eso el disco es delirante y, por momentos, promueve un caos que asfixia, que duele físicamente. Holy Fire pasa de canciones con guitarras densas a hits de radio. Y de ahí salta al rock experimental. Todo dosificado con un veneno peligroso y al mismo tiempo agradable. Esas bellas muertes de la música.

Push the Sky Away/ Nick Cave & The Bad Seeds
Todo Cave puesto en el menú: un disco oscuro, depresivo, melancólico, intenso. Lejos de sus histeriqueos rockeros, el gran crooner vuelve a la senda de sus obsesiones más profundas. Y eso lo pone cinematogràfico. Y eso lo vuelve nocturno. Sin embargo, hay algo de fractura en este Cave: ya no se trata de ese ladrillo negro que se estrella contra la ventana, ahora hay canciones que pueden brillar solas, sin necesidad de sus hermanas. Y eso lo convierte en un cantante más amable, en un disco que va mejor en el atardecer que en la noche cerrada y eterna.

Wonderful, Glorious/ Eels
Mark Oliver Everett, ese monstruo que se esconde detrás de la letra E, es un depresivo crónico, máximo cultor del disco conceptual. Y en estos tiempos en que el disco como concepto -ya lo dijimos en la intro- está en retirada, ¿qué puede hace un depresivo crónico como E? ¡Mandarse un gran disco de canciones que tienen poco y nada que ver entre sí! Eso es este Wonderful, Glorius, una estrategia para aprender a reírse de sí mismo y, al mismo tiempo, divertirse en el acto. Pirotécnico, ligeramente optimista, con mucho blues, cargado de fuzz entonados con esa voz rasposa a la Waits, este trabajo muestra otra cara de Eels. Se trata de una buena noticia.

More Light/ Primal Scream
Es el regreso a las grandes ligas de los escoceses comandados por Bobby Gillespie, después del soberbio Screamadelia. Y lo bueno es que en More Light se reinventa la banda: hipnóticos, combativos, transitan tanto el blues como la música hindú. Hay psicodelia y también algo que remite a los Balcanes. Hay boogie y rock and roll del clásico. Todo hilvanado sutilmente a fuerza de de overdubs, ruidos experimentales y grandes arreglos.

Viene de mí/ La Yegros
Mariana Yegros es un caso especial en la música argentina. Artista de culto a nivel local, es parte del mainstream de la electrónica mundial. Y uno de los referentes de los djs del mundo a la hora de animar el set en los clubes. Su primer disco es un cocktail explosivo y bailable donde los ritmos se mezclan, se ensucian y se divierten como nunca, haciendo convivir el funk y el chamamé, la cumbia y la psicodelia, el pop y la electrónica. Todo puesto al servicio de una excelente voz y un tremendo look que la chica sabe hacer brillar.

The Next Day/ David Bowie
Cuando nadie lo esperaba, lo hizo. Tras diez años, sacó un nuevo disco, se rió de todos y con todos. Bowie fue nuevamente Bowie. ¿El mejor Bowie? No, seguro que no. Pero este Bowie, en un día más o menos, es infinitamente superior a casi el 95 por ciento de los discos que pueden aparecer en un año. Eso es este The Next Day: no marca el rumbo de la música para el día después pero es muy superior a la media de los trabajos que la industria escupe año tras año. Si algo se le puede criticar al duque es no haber vuelto a sus rupturas radicales, no haber reinventado la música pop una vez más. Sin embargo, es indudable el brillo de un trabajo que por momentos se come al mito Bowie y por momentos lo vuelve todavía más grande.

Carnaval/ Poncho
¿Existe la música electrónica con actitud rocker? A partir de este disco, sí. La relación es conflictiva, difícil de asimilar, pero al mismo tiempo explosiva. Ahí va el coqueteo con el j-pop de la mano de Catnapp, el spanglish de Boom Boom Kid con destino de club, los beats alla Tom Tom Club que recuerdan al mejor Michael Jackson. Ahí va un toque de energía lisérgica y un condimento de rock and roll puro. No parece casual que la producción de este trabajo haya quedado en manos de Juston Robertson y Steve Dub, gente que a su hora supo meterse en el corazón de los discos de The Chemical Brothers, New Order y Primal Scream.

Amok/ Atoms for Peace
Todas las épocas tienen su supergrupo. Y Thom Yorke -esa gran cabezota de Radiohead- no iba a perder la oportunidad de armar el suyo justo durante el lapso de tiempo en que la madre nodriza decidió entrar a boxes. Así se juntó con Nigel Godrich -su amigo/hermano en los sonidos electrónicos de Radiohead- y Flea -el bajista de los Red Hot- para armar este combinado que también cuenta con Joey Waronker en batería y Mauro Refosco en percusión. Que el nombre de la banda sea el título de uno de los temas del disco solista que Yorke sacó en 2006 -The Eraser- lo termina de decir todo.En Amok el gran jefe de Radiohead hace lo que se le da la gana: y esto es experimentar con música electrónica y con el afro beat. Ritmos enloquecidos, un tanto perturbados y perturbadores, que son intervenidos por la voz siempre un poco exiliada de este mundo que es marca registrada de Yorke. Un disco disfrutable sin necesidad de ser pensado.


Yeezus/ Kanye West
El disco más extremo de KW. Oscuro, extravagante, un poco incómodo y, definitivamente, jodido. Mucha electrónica dura, mucho hip hop que juega al fleje de lo legal. Un disco que no se pone alegremente para pasar el rato sino que se pone para pasar la furia. El disco desborda por todos lados, pero nunca hace agua. Este Yeezus es exuberante en exceso, en todo caso. Pero difícilmente se pueda decir que no está bien parado. Acá hay (casi) de todo: electrónica -para llamarla de algún modo- hipster, bunkerclub, danceball jamaiquino, soul, house y techno rap. KW sabe dónde duele y muerde siempre ahí, le guste a quien le guste. Para que quede claro: ese ego enorme que camina llamado KW, ese mal bicho que se llama KW, logra superarse a sí mismo en este trabajo. Basta decir que uno de los hits del disco se llama “I Am God”.

AM/ Arctic Monkeys
Primer dato que entrega AM: los ingleses de Sheffield ya no son un cuarteto de adolescentes riéndose de la sociedad británica. Segundo dato: el quiebre que fue su tercer disco Humbug estaba hablando del futuro y no del final de una carrera. Esto entrega AM: una banda madura, segura de lo que hace, con un plan. Además del cambio de paisaje -se mudaron de la humedad inglesa al sol de California- hay un cambio de rumbo: ahora pueden hacerconvivir el rock clásico con las guitarras distorsionadas, el hard rock y el hip hop. Un plan: beat de hiphop, coros de R&B allá atrás y el poderoso riff acá adelante. Por último, AM demuestra algo que ya se sabía de estosMonkeys: más allá de las varias influencias que siempre tuvieron, logran que todas ellas suenen como una unidad. Y Alex Turner es definitivamente un crooner enorme.

Glam Out

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