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Restós07/03/2016

El lugar de los cronopios: Café Cortazar

A un par de meses de su apertura, el Café Cortazar ya logró una clientela fiel en un ambiente precioso, repleto de imágenes y guiños al gran escritor argentino. Precios amables, una carta amplia y best seller y mucha onda en los bordes de Palermo.

Qué fácil resulta imaginar a Julio Cortázar sentado en una mesa, con un café humeante, un libro o un diario, una picada sabrosa. Es que Cortázar es, en sus textos y también en sus acciones, un porteño en todo su esplendor. Porteño que podrá vivir en París, pero que siempre tendrá sus ojos puestos en esta ciudad capital, así como en toda Latinoamérica. A ese Julio que tanto queremos y admiramos, al que escribió algunos de los mejores cuentos de la literatura nacional, el que nos enseñó a jugar a la Rayuela, a ese Julio es al que homenajea este bar abierto a fines de año pasado en la esquina de Cabrera y Medrano, alejado de las luces palermitanas, pero ahí nomás de todo.

A cargo de este lugar hay un grupo gastronómico que conoce su trabajo a la perfección: son los mismos que recuperaron lugares notables de alto valor histórico, devolviéndoles buena parte de su brillo perdido. Lugares como El Federal, El bar de Cao, La Poesía, entre otros. Y lo hacen con una receta que no puede fallar: un menú amplio, repleto de esos sabores transversales, que gustan a un adolescente de 17 años y también a un jubilado de 75. Picadas generosas, sándwiches de todo tipo y color, platos básicos y queridos (sean ravioles o un bife de chorizo), cerveza, vermú, tortas y alfajores.

Todo esto se ve en la carta de Cortázar. En el rubro cafetería, salen espressos desde $24, brownies a $40, alfajores artesanales a $25, panqueques mixtos a $70, una medialuna con pavita y tomate a $45. El primer capítulo fuerte es el de sándwiches, los hay infinitos, definidos por su carne principal. De lomo, de pollo deshuesado, de bondiola, de pavita, de hamburguesas caseras de 300 gramos cada una (desde $60). Hay desde un sándwich de bondiola con queso brie y ajíes en vinagre hasta la bomba de la casa, el Lomito Cortázar, con queso, tomate, lechuga, huevo frito, cebolla, morrones, panceta y porción de papas rejilla, todo envuelto en un esponjoso pan casero ($150).

El otro gran capítulo se lo llevan las picadas, también infinitas: la Rayuela incluye quesos fontina, sardo y boconccinos, con aceitunas negras y verdes, longaniza, jamón natural, cantimpalo, matambre casero, bondiola estacionada y pastrón, todo por $230. Pero es apenas una muestra: las hay de varios tamaños e ingredientes, desde las más simples (tablita de salame de chacra y fontina a $75) a productos especiales (ciervo y salmón ahumado, salame de ciervo o de jabalí, corazón de alcauciles, pavita en escabeche).

Le siguen platos principales, del día y en carta, desde un bife de chorizo (lo pedimos jugoso, salió jugoso) a $105, pastas caseras con salsas a elección (ravioles de salmón a $80, cintas de espinaca a tan sólo $45, luego se suman salsas), diversos lomos a la parrilla, ensaladas, supremas y milanesas, pescados como una trucha a la manteca negra, tortillas varias. Es decir: es una carta donde todos encontrarán algo rico para comer, con aires familiares. Y todo servido de manera generosa, popular.

Para beber, algunos pocos vinos (el Plan B a $130 es buena elección), cervezas (cuentan con una propia, hecha en exclusiva para ellos, en versiones roja, negra y rubia -definición ya algo antigua para categorizar a las artesanales- a tan sólo $44/47 la pinta. Tan sólo faltarían ajustar algunos detalles, típicos de la gastronomía porteña, que realmente marcarían un diferencial para arriba: el aceite de oliva (mejor usar uno neutro), la calidad del grano de café, el punto de cocción en los sándwiches. Pero más allá de esto, Café Cortázar es realmente un precioso espacio donde ir, sea con amigos, en familia o sólo. Para agarrar uno de los diarios que están disponibles, o llevar un buen libro y hacerse compañía con uno mismo.

Queda en Cabrera 3797. Abre largo y tendido, otro detalle que realmente se agradece: de domingos a jueves de 8 a 2. Viernes y sábados casi las 24 horas, de 8 a 4.

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