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Etiquetas24/10/2017

Octava Superior, un blend que suena bien

Casi sigilosamente, Pedro Aznar viene escribiendo un notable capítulo en su nueva etapa de winemaker. Sus vinos crecen y crecen, y se vuelven cada vez más interesantes, como sucede con sus canciones, que sólo mejoran con el paso del tiempo. Aquí, una de sus creaciones mejor logradas, que viene a coronar un proyecto de vinos que suena cada vez mejor en la Argentina.

Abremundos está camino a convertirse en el mejor album que jamás haya creado Pedro Aznar. Pero su contenido no se compone de canciones sino de vinos, los cuales no paran de mejorar cosecha tras cosecha, exhibiendo otra virtuosa faceta de la personalidad de su hacedor. Pero nada sería posible sin su interprete, Marcelo Pelleriti, enólogo del proyecto y tan apasionado por la música como Pedro.

Se trata aquí de una búsqueda mancomunada de dos apasionados por el vino y la música, que se unieron en amistad para expresarlo a través de logradas etiquetas.

Ni bien se conocieron, ambos notaron que la pasión por elaborar vino y por hacer música, los atravesaba de la misma manera. Pedro le confió que hacía años soñaba con tener un viñedo y vivir el mundo del vino desde adentro, y Marcelo le contó acerca de un terruño de ensueño, dando comienzo a este maravilloso emprendimiento.

Octava Superior 2012 es el vino ícono del proyecto, compuesto mayoritariamente de Cabernet Franc (75%), con aportes de Malbec (20%) y Syrah (5%). El Franc es uno de los más plantados en el mundo y particularmente en Burdeos, zona que ha sido cuna de la formación enológica de Marcelo Pelleriti. En la Argentina, en cambio, su presencia es aún muy incipiente, con poca superficie plantada, aunque en los últimos años ha encontrado una expresión de altísima calidad en varios de los terroirs más renombrados, como es éste caso.

Aquí logra expresar todo su costado frutado y herbal, un gran equilibrio y toda la frescura, propia de las alturas del Valle de Uco donde nace, en un ejemplar donde la concentración y la elegancia dominan la escena. Las pinceladas de Malbec y Syrah aportan aún más fruta y exotismo, cerrando un vino armónico, que suena con los acordes propios de los grandes vinos argentinos.

Un vino que no es nuevo pero que suena muy bien en el, a veces, desconcertante concierto de lanzamientos y nuevas cosechas, que llega de la mano de un fuera de serie, cuyos vinos vale la pena descubrir. Sin dudas se esconde allí otra muestra de su virtuosismo, en una carrera artística que recién empieza y que promete tanto como la musical hasta ahora conocida.

Se consigue en principales vinotecas a un precio sugerido de $1200

Javier Menajovsky

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